Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 9.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 3 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.

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Día 1 de activismo contra las violencias de género: Violencia de género en situaciones de conflicto armado

Hace tiempo que había desatendido mi blog por razones varias: cambio de domicilio, cambio de trabajo, nuevos proyectos… Pero hoy me he decidido a retomar la pluma alentada por la iniciativa 16 días de activismo contra la violencia de género”.

Me sumo a la campaña con una humilde aportación. Durante estos días voy a dedicarle un pequeño espacio a 16 violencias de género, partiendo de mi experiencia como feminista musulmana.

En este siglo de guerras, conflictos armados y revueltas, las mujeres siguen sufriendo agresiones, vejaciones, violaciones y todo tipo de violencias directas e indirectas. Ayer mismo me enteré de que una compañera feminista de la red WISE, Mona Eltahawy, había sido detenida por la policía antidisturbios de Egipto. Durante su detención fue agredida brutalmente: “Cinco o seis hombres me rodearon, me empujaron y me tocaron los pechos, pusieron sus manos en mis genitales y perdí la cuenta de cuántas manos intentaron meterse dentro de mis pantalones”, comentaba ayer en twiter.

Mona fue a Egipto para protestar contra la masacre que sufre la juventud egipcia y se encontró con una expresión  sexista brutal. Doce horas después fue liberada y ya desde el hospital juraba que no se callaría, que denunciaría los hechos en su próximo artículo. 

Otras muchas mujeres siguen arrestadas o en paradero desconocido: pienso en las mujeres sirias, Tal Al-Maluhi y Yaman Alqadiri, en las presas palestinas, en las iraníes Maryam Bahreman, Shiva Nazarahari, Nasrin Sotoudeh y en tantas otras. Muchas de ellas ni siquiera han sido juzgadas, han sido encerradas vilmente para silenciarlas, someterlas y enterrarlas vivas entre cuatro paredes. Muchas personas son conscientes de las consecuencias nefastas que provocan las guerras para la sociedad civil en su conjunto y para las mujeres especialmente. Sin embargo, en Occidente no dudamos en apoyar iniciativas bélicas creyendo desde una postura paternalista (y por lo tanto, machista) que van a servir para “liberar a las pobres musulmanas”. Estos discursos han servido para justificar el saqueo de los países invadidos. Tal y como denunciara la joven exparlamentaria afgana Malalai Joya, las alianzas entre las fuerzas extranjeras y los jefes de los clanes han reforzado el patriarcado.

Es cínico apelar a la importancia de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptada en 2000 que preconiza una participación paritaria en cuestiones de paz y de seguridad, cuando en realidad son los propios países integrantes de las NNUU quienes están invadiendo países, al más puro estilo colonial.

No basta con denunciar los hechos y lamentarnos del trato injusto que recibimos:

  • Debemos presionar para que las violencias sexuales contra las mujeres en los países en conflicto sean calificadas como «  crímenes de guerra » y juzgadas como tales.
  • Debemos trabajar activamente en la construcción de unas sociedades en paz, fomentando un modelo inclusivo, solidario y pacífico, frente a un modelo exclusivo, interesado y violento.
  • Debemos tejer alianzas, compartir experiencias, presionar juntas, liderar movimientos que incluyan sensibilidades y realidades diversas pero injusticias comunes.
  • Debemos trabajar desde un plano glocal: “Piensa global y actúa localmente”.


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¡No a las leyes falocráticas y racistas que discriminan a las mujeres!

Desde que, hace unas semanas, se hiciera efectiva la ley que prohíbe taparse el rostro en el espacio público en Francia, me han llovido las consultas de los periodistas. Me hubiera gustado que el interés suscitado fuera el mismo, o incluso mayor, cuando se trata de otros temas que afectan realmente a las mujeres: la discriminación laboral, el racismo, los obstáculos para que ejerzan una participación política activa, el aumento de la pobreza, etc. Pero parece ser que las ansias de liberar a las pobres musulmanas se basan en criterios sumamente selectivos.

Durante estos días he participado en encendidos debates en las redes sociales con otras feministas sobre el mal llamado burka. He creído conveniente escribir este artículo ante la postura de muchas feministas no musulmanas que se han alineado con las tesis de la ultraderecha, haciendo oídos sordos sobre la manipulación a la que están siendo sometidas y sobre cómo están validando de esa manera los discursos fascistas en lugar de luchar contra ellos.

Llevo 10 años trabajando en Francia como profesora de secundaria. Soy musulmana y feminista, y por eso mismo no puedo aplaudir la aplicación de unas medidas injustas y sexistas.

De la ley contra los signos religiosos en la escuela al burka maldito

El debate actual sobre la vestimenta de las mujeres musulmanas se inscribe dentro de un proceso de desvelamiento progresivo. En 2004 se aprobó la ley que prohíbe los signos ostensibles en la escuela en nombre de la laicidad à la française.

La comisión Stasi, encargada de decidir sobre la viabilidad de elaborar una propuesta de ley, decidió proteger supuestamente a las chicas a las que los malos malísimos hombres musulmanes les obligaban a ponerse el hiyab. Se suponía que con esa medida encontrarían un espacio de libertad en el que podrían mostrar su cabello al viento y, aunque fuera durante unas horas al día, se sentirían por fin liberadas. Eso sí, todo ello sin preguntárselo a las primeras interesadas.

Hablaron los sociólogos, los filósofos, los periodistas, los políticos, los activistas, los líderes musulmanes, pero a ellas ni siquiera se les concedió el derecho a expresarse. No cabe duda de que esa indiferencia por parte del establishment fue percibida por la comunidad musulmana como un eco colonial: “¿desde cuándo las indígenas saben lo que es bueno para ellas?”

Pero los líderes musulmanes tampoco se quedaron cortos. Como suele pasar en toda dedocracia, decidieron acatar la ley como signo de vasallaje, a cambio de mantener sus puestos como dirigentes. ¡Cuatro chiquillas no iban a hacer que peligraran sus privilegios!

Algunas chicas intentaron expresar su malestar, intentaron denunciar la manipulación que sufrían pero no encontraron ninguna tribuna que quisiera escucharlas. Se les cerraron todas las puertas: las de la escuela y las de su país. La película de Jérôme Host, Un racisme à peine voilé en el que se recogían diferentes testimonios sobre los efectos negativos de la ley contra el hiyab, fue censurada, ninguneada por la prensa mainstream.

Para romper esa omertá laicista, Malika Latrèche, Ismahane Chouder y Pierre Tévanian, miembros de Une école pour toutes decidieron entrevistar a algunas chicas en su libro Les filles voilées parlent.

La ley se adoptó, se expulsó a algunas chicas que sacrificaron los años de estudio más importantes de sus vidas, los que en teoría les habrían permitido acceder al mundo laboral. El uso del hiyab aumentó fuera de las aulas. Mis antiguas alumnas que nunca se habían preocupado por su musulmanidad ahora se ponían un pañuelo en la cabeza a la salida del instituto para gritar: “¡No en nuestro nombre!”

Pasaron los años y seguí impartiendo clases en un instituto de secundaria en la región de París. Un día una profesora salió de su clase escandalizada porque uno de sus alumnos llevaba una cruz muy grande colgada al cuello y “eso era inadmisible”. Los demás profesores la apoyaron. Yo les pregunté que por qué pensaban que los alumnos no podían expresar libremente su religión. Me contestaron todos al unísono: “¡porque la ley lo prohíbe!” “Claro está -les dije- debemos respetar la ley, pero eso no significa que todos estemos de acuerdo con su contenido. Me interesa saber por qué la defendéis”. Entonces una profesora me respondió que la libertad de expresión tenía ciertos límites. ¿O acaso íbamos a permitir que hubiera discursos antisemitas o nazis en las clases? Me quedé con la boca abierta. ¡Por arte de magia las religiones habían pasado a ser igual de ofensivas que el antisemitismo y el nazismo! ¿Qué había pasado con la supuesta preocupación por las pobres niñas de las barriadas a las que los malos malísimos hombres musulmanes habían obligado a ponerse el hiyab?

En 2009 la cruzada desveladora siguió adelante. Esta vez no se iba a permitir que las mujeres llevaran la cara cubierta en el espacio público. Los argumentos que se utilizaron fueron principalmente que el burka (sí, esa vestimenta afgana que nadie ha visto en Europa) era un símbolo de opresión. Varias musulmanas laicas apoyaron esta tesis como la asociación Ni putas Ni Sumisas (igualmente instigadoras de la ley de 2004) y la feminista Wassyla Tamzali, entre otras. El debate produjo el efecto contrario al deseado: algunas mujeres musulmanas decidieron ponerse el niqab.

Esa preocupación (y obsesión) por liberar a las pobres musulmanas atrapadas en una cárcel de tela (la misma que se utilizó en las guerras neocons) contrasta con la opinión pública que siente rechazo y animadversión hacia esas mujeres: “la libertad tiene ciertos límites, “que se vuelvan a su país”, “son quintacolumnistas del fundamentalismo”. Son comentarios que todos hemos podido escuchar. Desgraciadamente, hay muy pocas muestras de solidaridad, de empatía o de defensa de las mujeres con niqab, ni siquiera en un sentido paternalista, ni siquiera en ambientes feministas. El colmo de la desfachatez fue cuando leí que una mujer estaba a favor de esta ley porque ¡como eran mujeres maltratadas, los gastos de sus tratamientos en el hospital los teníamos que pagar todos los contribuyentes!

¿Cómo se explica que algunas personas sientan odio en lugar de defender a las supuestas víctimas? ¿Cómo es posible que ante lo que se supone que es una injusticia se las trate de manera injusta?

La respuesta la podemos encontrar en la construcción de la otredad. Si conseguimos deshumanizar al otro, barbarizarlo, no podremos sentir empatía alguna ya que no son como nosotros, son otros, son subhumanos. El propio concepto de ‘otredad’ supone un problema porque quien tiene el poder para crear categorías que clasifican a las personas, se sitúa en una posición de superioridad. Esto le permite decidir quién es el dominador y quien es el dominado, quién puede nombrar y quién es nombrado. Se arroga el derecho a estar en todas las categorías, en todos los espacios, mientras que el otro no tiene derecho a existir.

¿Leyes falocráticas y racistas para defender a las mujeres?

La aprobación de estas leyes poco tiene que ver con la defensa de los derechos de las mujeres. Tanto la de 2004 como la actual han pasado a llamarse popularmente la ley contra el velo y la ley contra el niqab, respectivamente. En lugar de ser leyes a favor de las mujeres. La connotación negativa es importante a la hora de percibir el problema. Vamos a ver cuáles son los cinco argumentos que se han utilizado para defender la aprobación de una ley contra el niqab.

  • Primer argumento: los signos religiosos no son bienvenidos

Este argumento no se tiene en pie. Si el niqab fuera un signo religioso entonces todos los signos religiosos deberían estar prohibidos en el espacio público: las kippas, las cruces, el hiyab, el velo de las monjas, las sotanas de los curas etc. De hecho se vulneraría un derecho fundamental: el de la libertad religiosa.

  • Segundo argumento: es un símbolo de la opresión de las mujeres

Aceptemos que se trate de una vestimenta que oprime a las mujeres. ¿Por qué el movimiento feminista no ha aprovechado la ocasión para abrir un debate más allá del niqab? ¿No oprime también a las mujeres el ser esclavas de una imagen de eternas jóvenes, que deben seducir a los hombres? ¿Por qué nunca se debate sobre las vestimentas de los hombres? Es sintomático que la ley no haya surgido desde un debate consensuado de las diferentes corrientes feministas y en cambio haya sido impulsado por el gobierno francés. Si aceptamos que las motivaciones por las que las mujeres se visten con tal o cual prenda son diversas (culturales, estéticas, políticas, religiosas). ¿Por qué no podemos aplicar esos mismos criterios diversos al niqab? Desde una perspectiva feminista es impropio defender una visión esencialista de las prendas. Esta siempre debería ser laica.

  • Tercer argumento: el rechazo a identificarse

La cuestión de la identificación va más allá de las vestimentas de algunas mujeres. Cualquier persona debería poder ser identificada en lugares concretos: los edificios públicos, el banco, el hospital, etc. Pero eso no implica que se tenga que hacer de forma permanente en todos los espacios. De hecho la ley ya ha establecido una serie de excepciones: si se trata de una vestimenta laboral, si es una expresión tradicional o artística o si la persona debe cubrirse por cuestiones de salud (por ejemplo? con una mascarilla).

  • Cuarto argumento: es una barrera comunicativa

En ese sentido, cualquier vestimenta que cubra la cara puede suponer una barrera a la hora de comunicarse con los demás. Pero todo dependerá de la actitud de la persona (en principio los pasamontañas y bufandas en invierno nunca han supuesto un problema comunicativo), y también es importante cómo son percibidas estas personas por sus interlocutores.

  • Quinto argumento: no es una vestimenta de aquí

Sorprende hasta qué punto la amnesia histórica hace mella en nuestras mentes. Tenemos múltiples ejemplos de mujeres que se cubrían el rostro hasta hace relativamente poco en España: las cobijadas de Vejer de la Frontera [1], las penitentes de Semana Santa. ¿Esto no forma parte de nuestra tradición?

Manipulación política y alianzas inesperadas

A pesar de que los propios musulmanes insisten en que cubrirse la cara no es ningún imperativo islámico, tanto los políticos como los medios de comunicación refuerzan esa dimensión religiosa inexistente. ¡Parece que hoy en día todo el mundo es especialista en teología! La insistencia tiene como objetivo evitar la normalización del islam en Europa. Cuanto más bárbaro se presente ante la opinión pública, más rechazo provocará y de esta manera se podrá salvaguardar una patria “única e indivisible”, o lo que es lo mismo, la defensa de una sociedad monolítica, impermeable e intransigente ante cualquier expresión de la diversidad.

Esta crítica no intenta justificar cualquier expresión cultural a toda costa, no se trata del trillado relativismo cultural sino de denunciar una agenda política interesada, de la criminalización de un colectivo que no defiende el niqab y de la apropiación de un pseudodiscurso feminista por parte de la ultraderecha.

Muchas feministas han caído en la trampa al creerse que hay un dilema entre la lucha antiracista y la lucha antisexista. Cuando en realidad se trata de la misma lucha: la no dominación de un grupo (sexual, religioso, social, étnico) sobre otro

Hay sectores del feminismo crítico con el feminismo de Estado a los que se les está silenciando expresamente. Son feministas lúcidas que no se han creído que ¡de repente todos los politicos se hayan vuelto feministas! De hecho los sectores feministas anticapitalistas han denunciado esta manipulación.

Con la aprobación de estas leyes los políticos matan a unos cuantos pájaros de un tiro:

  • Crean una fractura mayor entre los diferentes feminismos
  • Neutralizan las reivindicaciones feministas al darles algunas migajas
  • Distraen la atención sobre el fracaso de las políticas sociales
  • Contentan a un sector cada vez más conservador sobre temáticas típicamente ultraderechistas
  • Restituyen una imagen positiva como libertadores de mujeres ante la vergüenza por la complicidad con las tiranías árabes

Aumento del racismo: la cohesión social en peligro

El pasado martes 12 de abril, la Comisión Nacional Consultiva de los derechos Humanos (CNCDH) publicó el XX Informe anual sobre el racismo en Francia. Según el mismo, el aumento del racismo tiene que ver con el contexto actual. Las actitudes racistas y xenófobas “siguen teniendo una relación directa con las preocupaciones socioeconómicas”. Aunque también apunta la responsabilidad de los “numerosos debates, anuncios y cuestionamientos sobre la identidad nacional, la pérdida de la nacionalidad, la prohibición del burka o la situación de los gitanos en Francia”.

Tal y como muestra el informe, el aumento del racismo y la xenofobia no son simples daños colaterales frente a unas leyes justas y necesarias, sino que son las consecuencias directas de unas leyes discriminatorias, diseñadas para invisibilizar y demonizar a las minorías. Del fracaso de las políticas sociales destinadas a beneficiar a los más ricos. De la imposición de una visión reductora y deformada de la laicidad, entendida como un fundamentalismo laico, alérgico a cualquier expresión que salga fuera de ese marco impuesto desde arriba.

Los derrapes son cada vez más frecuentes: las mujeres con hiyab (ya ni mencionamos el niqab) no pueden trabajar. Muchas madres con hiyab están teniendo problemas para poder ir a buscar a sus hijos a la escuela o para participar en actividades extraescolares. Los casos de agresión verbal y física a mujeres con hiyab y niqab han aumentado considerablemente e incluso en un instituto han amonestado a unas alumnas ¡por llevar unas faldas demasiado largas! ¿Por qué no oímos a las feministas sublevarse ante tantos atropellos? ¿No formaba parte de las prioridades del feminismo acabar con los sufrimientos de las mujeres?

Pedagogía en lugar de coerción

Las leyes, las medidas coercitivas, deben aplicarse cuando todo lo demás ha fallado. Debería ser el último intento cuando todas las mediaciones y planes educativos son ineficaces. Y eso es lo que a mí me choca más de esta ley. ¿Por qué se multa a las mujeres a las que supuestamente se las obliga a cubrirse? Para evitarlo se recluirán en sus casas con lo cual no tendrán ningún contacto con la sociedad. En caso de que tengan hijos la situación se complica aún más: no podrán participar en ninguna actividad exterior con ellos. ¿Qué imagen van a tener de una sociedad que no acepta que sus mamás salgan a la calle? ¿Qué les dirán a sus compañeros de clase a la salida de la escuela? ¿No nos arriesgamos a perpetuar la desconfianza mutua de las futuras generaciones?

¡Qué lejos queda aquel “prohibido prohibir”! Deberíamos avergonzarnos de nuestro nuevo lema: “¡Prohibido el hiyab, el niqab, los minaretes, las mezquitas, los rezos! ¡Fuera los musulmanes, los gitanos, los pobres, los inmigrantes, los hijos de nadie, los hijos de nada!”

Yo no quiero que proliferen los estados totalitarios en Europa. Esperemos que la mayoría de europeos tampoco.

Ndeye Andújar es profesora, activista y feminista musulmana.
[1] El pintor Francisco Prieto Santos pintó un lienzo donde se muestra la cobijada de Vejer, que desde agosto de 2008 forma parte de la colección del Museo de Cádiz.

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“La mujer es convertida en el chivo expiatorio sobre el que ejercer las presiones”

Entrevista de Ignacio Carretero a Ndeye Andújar y Laure Rodríguez

Desde el 11 de abril, una ley prohíbe llevar la cara cubierta en público en Francia.

¿Creen necesario regular el uso del niqab y el burka en los países europeos?

Ndeye Andújar: No. Por varias razones: porque hay poquísimos casos y porque es contraproducente. Es obvio que se está fabricando y confeccionando una visión negativa del Islam, cuando en realidad el niqab y el burka no tienen que ver con esta religión. Son prendas tradicionales de Arabia y Afganistán respectivamente, anteriores al Islam. Pienso que las medidas coercitivas siempre deben evitarse o, en todo caso, deberían establecerse solo cuando las otras medidas no son eficaces. Francia es un país ultralegalista, todo debe pasar por las leyes y se olvidan de que la mayoría de las veces la pedagogía es más eficaz que las multas o los juzgados.

Laure Rodríguez: Europa no es un espacio homogéneo, la realidad de cada país y la forma de regular las distintas prácticas tiene que responder a cada contexto concreto. Que Francia tome unas medidas determinadas no quiere decir que sean aplicables a nuestro contexto. Francia es un país eregido sobre una república, un Estado laico y una política tendente al asimilacionismo. España es una país con la presencia de una monarquía, cuyo gobierno se declara aconfesional y cuyas políticas se han dirigido al multiculturalismo. Sinceramente no entiendo el motivo del debate ni la necesidad de regular una práctica que no nos afecta.

¿Creen que estamos ante un debate o una cuestión más electoral que socialmente real?

N. A.: Estamos ante un clima de islamofobia asfixiante. Además hay una crisis de los diferentes modelos sociales europeos que exigen una asimilación (aunque eufemísticamente se hable de integración) y han dado prioridad a las políticas securitarias cuyos efectos negativos estamos viviendo ahora.

En el contexto más inmediato, Francia celebrará las elecciones presidenciales dentro de un año. El Frente Nacional está ganando puntos y el UMP (partido del Gobierno) intenta recuperar los votantes que han perdido con medidas muy populares entre ese sector. Se está dando un traspaso peligroso entre los discursos del FN y el UMP.

L. R.: En la realidad española ¿cuál es el objetivo real de la regulación? ¿la liberación de la mujer? ¿motivos de seguridad? ¿una forma más de censurar el Islam en espacios europeos? Personalmente me decanto por un uso electoralista del miedo y rechazo que provoca las diferentes prácticas de las personas musulmanas. Algunos ayuntamientos tomaron medidas “preventivas” aun cuando no existen mujeres que lleven estas prendas lo que puede interpretarse como una clara islamofobia.

¿Cómo afecta a las mujeres musulmanas esta prohibición?

N. A.: De manera muy negativa ya que aunque la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas europeas no lleva ni el niqab ni el burka y saben que nadie les debería imponer ninguna vestimenta, se está dando un amalgama en los medios de comunicación, entre los políticos y ciertos intelectuales al equiparar esas prendas con el hiyab y por extensión, con el islam. Funciona a modo de sinécdoque.

Esta vez están estigmatizadas por algo con lo que ni siquiera se sienten identificadas. El riesgo que corremos es que se produzca un efecto espejo, es decir, que las comunidades musulmanas acaben integrando el discurso de la sociedad mayoritaria y piensen que ya que se les está coartando su libertad religiosa, entonces deberían defender esas prendas. Las posturas se polarizan y el círculo se acaba cerrando.

L. R.: Se supone que el objetivo es liberar a las mujeres porque se considera que sufren una situación de violencia de género. Su prohibición es totalmente ilógica desde este concepto porque castiga a la víctima en vez de liberarla de esa responsabilidad. Algo tan absurdo como pretender decir que se debe sancionar a las mujeres maltratadas ante una agresión de su pareja. ¿Cuántas veces una mujer que se encuentra en las redes de una situación de violencia es consciente de estarlo? Creo que todo esto va a traer unos efectos totalmente contrarios. Nuestros cuerpos vuelven a convertirse en las barreras de contención y esto es otra forma de violencia de género más.

Quien defiende la medida, justifica que el niqab o el burka cercenan la libertad de la mujer, ya que son sus maridos quienes les obligan a usarlo. ¿Es una lectura correcta?

N. A.: Yo no conozco a ninguna mujer que lleve el niqab y el burka. Habría que
preguntárselo a ellas. He visto algunos documentales, uno francés y otro holandés y eran chicas muy jóvenes que ni siquiera estaban casadas. No sé si es el perfil mayoritario porque no hay apenas estudios para contrastar los datos.

L. R.: En España solo hay una treintena de mujeres que utilizan el niqab frente a las 600.000 musulmanas aproximadamente que existimos. El burka directamente ni existe en nuestro espacio.

Hay que ser conscientes que ni el niqab ni el burka responde a la revelación coránica. En Europa estas prendas responden a discursos politizados de un grupo sectario concreto que busca defender la teoría de la domesticidad de las mujeres (relegarla al espacio de lo doméstico). Directamente no tiene por qué existir una coacción a utilizarlo, sino que forma parte de los presupuestos ideológicos que siguen quienes han caído en las redes de estos grupos (minoritarios).

¿Creen que la regulación del uso de burka o niqab favorece la libertad de la mujer?

N. A. : La regulación del uso del niqab favorecería la libertad de las mujeres si todas fueran sumisas, estuvieran secuestradas, no tuvieran juicio propio, si a todas se lo hubieran impuesto como un castigo por ser mujeres. Es evidente que proyectamos nuestros propios prejuicios e imágenes fabricadas por los medios de comunicación como una verdad incuestionable en esas mujeres. ¡Vemos a la iraní lapidada o a la afgana víctima de los talibanes! Está claro que se juega con el subconsciente de las masas para justificar guerras y trasladar esos problemas a Europa. Implícitamente es una manera de decirle a la gente que el Islam es cosa de bárbaros y que por lo tanto no tiene espacio en la Europa civilizada. Para escapar de las visiones esencialistas lo mejor es hacer estudios de campo, darle la palabra a las protagonistas y ver la diversidad de respuestas y vivencias. La Open Society Foundations acaba de publicar un informe en el que han entrevistado a 32 mujeres que llevan el niqab en Francia. La mayoría son mujeres nacidas en Francia, incluso una cuarta parte son conversas, ¡y casi la mitad decidió ponérselo debido a la polémica que surgió en torno al tema en 2009! Es un dato para reflexionar.

L.R.: Creo que circunscribir nuestra existencia en torno a la manera de vestir y a la cosificación de nuestros cuerpos, es una de las formas más violentas de tratar a un ser humano.

Insisto en la necesidad de combatir cualquier tipo de violencia hacia las mujeres, impulsando las medidas necesarias que penalicen los actos de quienes promuevan cualquier tipo de apología al terrorismo de género, no que castigan o persigan a las mujeres que son víctimas de la pandemia mundial que supone la violencia hacia las féminas.

Y por el contrario, ¿el burka o niqab son símbolos de represión contra la mujer?

N. A. No creo que sea símbolo de nada. Es un trozo de tela que dificulta la comunicación con otras personas, es una barrera visual y una respuesta postmoderna a la cuestión de la identidad y las relaciones sociales. Quizás las mujeres que lo lleven se sientan a gusto, o sea una especie de reclusión voluntaria portátil, similar a lo que podían sentir las monjas de clausura, solo que en este caso la clausura es visible y, por lo tanto, chocante.

Evidentemente para aquellas mujeres a las que se les obligue a llevarlo debe ser una experiencia traumática, violenta, como cualquier imposición (como también lo es desvelarlas contra su voluntad).

L.R.: Creo que tenemos que ir más allá de la mera prenda y ver qué tipo de discursos ideológicos se esconden detrás. ¿Qué se defiende? ¿Qué se promueve? ¿Cómo se establecen las relaciones de género? ¿Qué respuestas dan a la “modernidad” (entendiendo modernidad por lo que consideran una injerencia occidental)?

La mujer es convertida en el chivo expiatorio sobre el que ejercer las presiones, marginándola e incapacitándola para desarrollarse con total independencia porque se la confina en el espacio vital finito del hogar. Se perfila una mística de la feminidad deforme y mutiladora como respuesta a esas ideas “liberadoras occidentales” que buscan la ocupación de la mujer en el espacio público. Es ahí donde cobra importancia este tipo de vestimenta, porque en el caso extremo de tener que tomar contacto con el exterior se hará bajo una prenda que frene las relaciones sociales, el acceso al mercado laboral y en definitiva un impedimento a su pleno ejercicio político de ciudadana de pleno derecho.

Ndeye Andújar es profesora y Laura Rodríguez es la presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España

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IV International Congress on Islamic Feminism: “For those have been in the three previous meetings, this is a step ahead” by M. Laure Bousquet

With pleasure I would title this fourth meeting as “Muslim Pride”. I don’t know where I ‘ve read or heard this expression during the event, but in anycase it perfectly resume my impressions after four days in the Spanish capital, where in this year more than 500 attendees , women and men (actually, this year have been there more men than in the three previous meetings), have gathered around topics relationed with the apropiation of the texts and re-interpretation of the Qur’an and Sharia from an equality sight.

The congress was organized under the sponsorship and with the financial support of the International Spanish Agency for Development (AECID by its Spanish acronym), Cultural Institutes “Casa Asia” and “Casa Arabe” and the Ministery for Equality, before this latter was annulled during the Spanish government structuration, one week before the meeting.

During the last twenty years, diferents kinds of articles, reports, interviews and works, began with the same phrase that they repeated like a litany about the issue of Feminism and Islam :”Here we have an unthinkable contradiction, so whose existence is impossible”. The meeting in Madrid confirms with more strength, power and brightness that possible finally depletes the resistance created for the imposible in a patient, courageous and determined way. This possible act not only strips false evidences of the phrase of a well known intellectual laziness, but also turn them invalid.

Also with a bigger masculine attending, we had the pleasure to find among the speechers, one of the founders of this Islamic Feminist movement, the Iranian Ziba Mir Husseini, who told us the history of that one from the 1990 years in Iran. She presented the Islamic Feminism as the illegitimate son from the political Islamism that caused a reaction when politiziced the differences of sex and the Women Rights, not only in Iran, but also in Malasia with the construction of an international net, Musawah (Equality), N.G.O that brings together more that 50 countries. She gave us her knowledge and experience as anthropologist with a calm conviction that made us feel we were attending to an important historial era. She finish her intervention with this words about the Islamist Feminism, Islamic, Muslim : “We are here and our presence here is the proof we have won”

With the intervention od other speecher from South Africa, Sa’diyya Shaikh,we could give another step: For the first time we have an intervention about Feminism and Sufism with the feminist sight of Ibn Arabi. She herself lead the prayer of Friday and say a jutba in close relation with the issue of her conferencia between espirituality and social action from the point of view of gender equality.

With erudition, clarity, passion and humor, she presented some aspects of Ibn Arabi’ s Metaphyisics. Studies about Sufism are often ran but never relationed with legal positions of this scholars about the gender equality. Yes, the Islamic Feminism produce knowledge, as Ziba Mir Husseini said.

Laura Rodríguez Quiroga, president of the Union of Muslim Women in Spain (UMME by its Spanish acronym) and co-organizer of the event, presented in the opening a quite meaningful analysis about the influence of the contents of different mass media about the muslims women, in the construction of the collective imaginary about them. She pointed a 100% negative image of victms women and male offenders with a massive obsession for clothes and the rest about stoning, genital mutilation, ban on mosques and just over 2% on Islamic feminism.

As a conclusion of the congress, Ndeye Andújar, organizer of the meeting and vicepresident of the Catalan Islamic Board (Junta Islámica Catalana) presented us that the mass media never talk about, the actions of different international, europeans and local nets that work in different levels for gender equality, with international campaigns as one million signatures against stoning and access of women to the area of the Kaaba in Mecca, among others. She finished her intervention with the following words: “Islamic feminism is the future of Feminism. ” Perhaps we can understand this phrase as meaning that Houria Bouteldja from the Indigenous Party of the Republic developed in her speech to talk about Feminism ‘de-colonial’, which is involved in universalizing Feminism.

For those who had participated in the three previous meetings in Barcelona, the four days of intense exchanges at different levels of knowledge and practices between spirituality and social struggles represented a step ahead in confidence, as if slowly Islamic feminism left bank of the accused, subject to constant view of having to demonstrate or justify that they were not manipulated by the outside, or alienated from the inside … As if written with a quiet security im-possible history, the un-thinkable feminist revolution, with heads held high. Muslim Pride.

M. Laure Bousquet is co-chair of the Collectif des Féministes Pour l’Egalité (Feminist Collective for Equality)

Translated by Vanessa Rivera

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De una feminista islámica a una feminista laica

He leído atentamente su artículo publicado en Sisyphe el 15 de diciembre de 2010. Por desgracia, debo decir que a mí también me han sorprendido algunas de sus declaraciones. ¿Se debe a sus prejuicios? ¿Se debe a una visión que quiere parecer tranquilizadora de cara al público francófono? ¿Se debe a un desconocimiento flagrante del contenido de los cuatro congresos internacionales de feminismo islámico que han tenido lugar en España desde hace algunos años? Quizá haya un poco de verdad en todo ello, ¿no le parece?

Dedica usted más de la mitad de su texto a interpelar a una de las ponentes, Houria Bouteldja, lo que no es muy interesante en sí ya que no aporta nada al debate. Lo que le ha indignado es que ella se haya presentado, según usted, como la «representante de las musulmanas de Francia», mientras que ella nunca lo ha afirmado; se trataba más bien del punto de vista de la periodista. Me imagino que usted conoce las estrategias de márketing de los medios de comunicación para llamar la atención de los lectores. Les ha salido bien la jugada ya que ha reaccionado ipso facto ¡sin ni siquiera molestarse en comprobarlo!

Pero no me entretendré en este tipo de debates «a la francesa» (un poco chovinistas, si me lo permite) a saber quién es musulmana y quién no lo es, sobre la fobia contra las religiones en el espacio público, sobre el velo… Su enfoque es muy reductor si tenemos en cuenta la diversidad de las veintidós ponentes provinientes de diferentes partes del mundo: Omaima Abou Bakr (Egipto), Fadaw al Labadi (Palestina), Rozana Isa (Malasia), Ziba Mir Hosseini (Irán-Reino Unido), Sa’diyya Shaykh (Sudáfrica), entre otras.

Lo que me interesa es mostrar las falsedades que usted presenta como parte integrante del feminismo islámico. Le hace decir cosas que nosotras mismas, feministas musulmanas, no sólo no defendemos sino contra las que luchamos. No reivindicamos un Estado islámico, condenamos los abusos cometidos en nombre de la religión y exigimos la libertad de todas las mujeres, tanto musulmanas como no musulmanas. ¡Sólo hacía falta leer las conclusiones de los cuatro congresos para estar al corriente!

Pero también denunciamos las alianzas entre el neofundamentalismo religioso y el neoliberalismo: cómo las guerras para salvar a las supuestas «pobres mujeres musulmanas sumisas» no son más que coartadas geopolíticas. ¡El monopolio de las materias primas y los contratos de venta preferenciales (de armas, entre otros) están en juego!

Nos acusa de ser unas privilegiadas ya que vivimos en un mundo civilizado en el que no existen las discriminaciones contra las mujeres, en el que todas son respetadas por sus pacíficos maridos, en el que todas ganan el mismo sueldo que sus colegas masculinos, en el que todas son feministas blancas burguesas frente a las pobres mujeres que se han quedado «allí», sometidas a la barbarie de los hombres fanáticos. Pero usted no ha denunciado en ningún momento cómo las invasiones de los países soberanos han reforzado el patriarcado al darles más poder a los jefes de los clanes tribales. ¿No le parece injusto colgarle el sambenito al Islam (que usted presenta como diabólico) de ser el responsable de todas las desgracias del mundo?

Sí, es cierto, no podemos negar que las interpretaciones del Corán que han hecho hasta ahora los hombres son misóginas. ¿Pero por qué tenemos que aceptar que sean las únicas interpretaciones posibles? ¿Por qué las mujeres no tienen derecho a interpretar su texto sagrado a su vez? ¿Por qué desde Occidente se valida la lectura de aquellos a los que condenamos?

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Camerún: Una guerra secreta

Durante más de quince años, de 1955 a 1971, Francia llevó a cabo una guerra secreta en Camerún. Una guerra colonial, más tarde neocolonial, que provocó decenas de miles de muertos o más. Una guerra que ha sido completamente borrada de las historias oficiales: en Francia, país en el que siempre se enseña que la descolonización del ‘Africa francesa’ fue ejemplar y pacífica; y en Camerún, donde todavía es arriesgado evocar ese terrible conflicto que dio lugar a una terrible dictadura.

Todo ello muestra la importancia del libro, el cual hace un recorrido por la historia de la guerra perpetrada por las autoridades francesas contra la Unión de las poblaciones de Camerún (UPC), el partido independentista creado en 1948, y contra todos aquellos para quienes la libertad y la justicia se encarnaban en una palabra: “¡Kamerun!”.

Los autores del libro llevaron a cabo una investigación en Francia y en Camerún durante cuatro años. A lo largo de esos años encontraron a numerosos testimonios: militares franceses y cameruneses, combatientes nacionalistas, personas rescatadas de las masacres… Consultaron miles de documentos en los archivos e hicieron descubrimientos sorprendentes. Cuentan cómo fueron asesinados, uno a uno, los líderes del UPC: Ruben Um Nyobè en 1958, Félix Moumié en 1960 y Ernest Ouandié en 1971. Y muestran cómo la administración y el ejército franceses, con sus ‘ejecutantes’ locales, ejercieron una terrible represión durante años: bombardeos de las poblaciones, escuadrones de la muerte, lavado de cerebro, tortura generalizada, etc.

Más de cincuenta años después de la pseudoindependencia concedida a Camerún el uno de enero de 1960, esta historia sigue siendo de rabiosa actualidad ya que coincide con el nacimiento de la Françafrique, fruto del consenso colonial de la IV República. Se trata, por ultimo, de la historia de un régimen “amigo de Francia” en guerra perpetua contra su propio pueblo: los cameruneses siguen soñando con la independencia y la democracia después de veintidós años de dictadura bajo Ahmadou Ahidjo y cerca de tres décadas de una profunda crisis con Paul Biya.

Kamerun, la guerre cachée de la France en Afrique Noire (1968-1971) ha recibido el premio al Libro Anticolonial del año 2011. La entrega del mismo ha tenido lugar en Bellevilloise, durante la semana del Salón Anticolonial.

Sobre los autores

Thomas Deltombe es periodista independiente, autor de L‘islam imaginaire. La construction médiatique de l’islamophobie en France, 1975-2005 (La Découverte, 2005).

Manuel Domergue es periodista en la revista Alternatives économiques.

Jacob Tatsitsa, es profesor y doctorando en historia en la universidad de Yaoundé-I.

Web oficial del libro
En facebook
Entrevista a Manuel Domergue concedida a TV5 Monde

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Crónica de una discriminación anunciada

Desde hace unos días asistimos a un triste suceso. Esta vez el caso no ocupa las portadas de todos los periódicos nacionales, ni se agolpan los contertulios más variopintos para conceder entrevistas en la tele o en la radio. Aparte de los medios de comunicación autonómicos gallegos, la noticia de la expulsión de la escuela de una niña de Arteixo por llevar el hiyab apenas ha trascendido. Hemos podido leer algunas noticias y entrevistas aquí y allá, pero el eco mediático ha sido mínimo comparado con casos anteriores.

Estaría satisfecha si esa falta de polémica y difusión se debiera a que por fin nos hemos dado cuenta de que para que los debates lleguen a buen puerto hemos de prescindir de sensacionalismos y de agendas políticas, pero parece que se trata más bien de una normalidad a la que nos estamos acostumbrando peligrosamente y, sobre todo, porque las ventas y audiencias ya han quedado cubiertas con las revueltas actuales en los países árabes. La carnaza mediática no ha llegado en un buen momento.

“La niña del velo”, sinécdoque utilizada por los medios de comunicación, se llama Zoubair Hakim. A Zoubair la han excluido de la escuela pública por llevar la cabeza cubierta. ¿Cuántas niñas musulmanas más deberemos sumar a la lista de personas non gratas? ¿Cuándo se terminarán estas discriminaciones impunes?

No me apetece escribir un enésimo artículo sobre la libertad religiosa, sobre cómo las administraciones y colegios se saltan a la torera la Constitución española, sobre el doble rasero en la aplicación de las leyes, sobre el laicismo beligerante (que no laicidad), sobre la responsabilidad de los medios de comunicación, sobre los intereses electoralistas y sobre la islamofobia rampante. Por una vez vamos a intentar ponernos en el lugar de estas niñas y jóvenes.

¿Alguien puede imaginarse lo que supone que les separen de su clase, que tanto musulmanes como no musulmanes las utilicen para lidiar sus batallas? ¿Alguien puede imaginarse el impacto negativo que puede suponer para una alumna que la excluyan de un establecimiento público, que le digan que ella no tiene cabida, que la señalen con el dedo? ¿Qué futuro va a tener?

Yo soy profesora, madre, musulmana y española. Soy una defensora de la educación pública mixta. Estoy convencida de que la escuela desempeña un papel fundamental en la socialización de nuestros hijos, en la transmisión de valores comunes, en la formación de personas críticas. Por eso no podemos poner en peligro lo que tanto nos ha costado lograr: el derecho a la educación para todos sin distinción de raza, sexo o religión. Yo no quiero que se erijan templos educativos separados, quiero que cuando nuestros hijos crezcan no nos puedan echar en cara que les hemos mentido, que en realidad solo tienen cabida quienes entran dentro de una concepción cerrada e intransigente del laicismo. Nuestros hijos son más que estadísticas que vayan a salvarnos de posibles fracasos electorales, nuestros hijos son más que futura mano de obra especializada. Nuestros hijos son Miguel, Gabriela,  Kevin y Zoubair. ¿Estamos dispuestos a negarles su derecho a conocerse y a formar juntos nuestra sociedad futura?

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Otro tópico más sobre el feminismo islámico

Encuentro de Mujeres Musulmanas en Nueva York, noviembre de 2006. Foto: Wise

Le agradezco a Nur K. de Villa que haya escrito un artículo publicado en Webislam, sobre “el derecho a ser madre en el feminismo islámico“. Pero mi agradecimiento no va porque me sienta identificada con lo que dice sino porque nos da la posibilidad de deconstruir un tópico más sobre este movimiento.

A lo largo del texto se plantean dos falsas dicotomías: el occidente materialista versus el islam moral, la mujer carrerista versus la madre musulmana.

El primer error consiste en oponer un espacio geográfico a una forma de vida. Como musulmanes occidentales, ¿somos materialistas o tenemos valores morales? Evidentemente esto plantea problemas más profundos, como la posibilidad de ser musulmán y occidental a la vez.

La otra oposición es igual de simplista y binaria ya que da a entender que no se puede compatibilizar el trabajo con la familia, o que quien trabaja solo lo hace para “colocarse1 en un buen puesto de trabajo”, a costa de todo y de todos. Curiosamente no aparece ni una crítica hacia los hombres que renuncian a su familia por dinero o éxito profesional. Los hombres también tienen derecho a ser padres.

En este caso, la autora ni siquiera se plantea el hecho de que haya mujeres que trabajen por necesidad, porque sus maridos no las ayudan (algunos porque no pueden y otros porque no quieren), o porque están divorciadas y sus exmaridos no les dan la pensión alimenticia para sus hijos, contraviniendo así lo que estipula el Qur’an. También hay muchas mujeres que invierten el dinero de la dote en la educación de sus hijos porque sus maridos piensan que eso es cosa de ellas. De hecho, la realidad es mucho más compleja de lo que piensa Nur K. de Villa.

Pero la cuestión fundamental no es si una mujer debe elegir entre trabajar o ser madre, sino el que tenga la posibilidad de elegir, si lo desea. Para ello, debería poder estudiar y tener una formación, su marido debería apoyarla y contribuir al mantenimiento de la familia. Las empresas deberían ofrecerle unas condiciones de trabajo viables y justas: horarios adaptados, salarios dignos, respeto de sus derechos (baja por maternidad, libertad religiosa, etc.). Por su parte el Estado debería ilegalizar el despido libre y sancionar a las empresas que lo aplicaran, así como incentivar la natalidad mediante un plan integral basado en ayudas familiares.

Pero vayamos al quid de la cuestión: ¿el feminismo islámico quiere destruir la familia? ¿Las feministas islámicas niegan el derecho de las musulmanas a ser madres? Solo una persona que desconoce completamente este movimiento podría plantearse estas preguntas. Entre otras cosas porque la mayoría de feministas musulmanas que conozco son madres, pero al margen de eso, porque su acción prioritaria tiene que ver con la defensa de los derechos de las mujeres dentro de la familia y no contra la familia.

Presentar el feminismo islámico como un simple imitador del feminismo secular más rancio, supone obviar las diferencias que existen entre ambos y supone negar que dentro del feminismo secular hay una gran diversidad. Por ejemplo, Fatima Mernissi lleva a cabo una crítica múltiple (no etnocéntrica o nativista) contra la colonización, contra los discursos sobre la liberación de las mujeres del movimiento nacionalista, contra el Estado postcolonial por su uso oportunista del islam como discurso unificador, por su adopción del capitalismo y por su visión androcéntrica del desarrollo2. De hecho una de las cosas que les reprochaba Mernissi a los nacionalistas marroquíes era que reivindicaran más derechos políticos pero que no se ocuparan de la reforma del código de familia porque, según ellos, el islam era genuinamente patriarcal. En definitiva, tanto seculares como tradicionalistas tenían (y tienen) una visión esencialista del islam.

Por otro lado, la analista Isobel Coleman acaba de publicar un libro sobre el feminismo islámico titulado Paradise beneath her feet. How women are transforming the Middle East3 (“El paraíso a sus pies. Cómo las mujeres están transformando Oriente Medio”). No es casual que, desde su posición de observadora externa, Coleman haya elegido el mismo hadiz4 al que hace alusión Nur K. de Villa. La razón es obvia: el feminismo islámico reconoce el valor inestimable de las madres y reivindica el respeto de los derechos de las mujeres en el ámbito familiar.

Pero ¿de qué derechos estamos hablando? Pues de la libre elección del cónyuge, de la mayoría de edad para casarse, del establecimiento de unas cláusulas en el contrato matrimonial (por ejemplo, para poder elegir o no la poligamia), de la consulta mutua en los asuntos que atañen a la pareja, de la autoridad compartida, de la participación del marido en la economía familiar, de la conservación de la dote, de la pensión alimenticia en caso de divorcio, etc. El respeto de estos y otros derechos solo puede tener como resultado el fortalecimiento de la familia.

Pero hubiera bastado con que Nur visitara alguna de las principales plataformas feministas islámicas para darse cuenta de que su artículo está basado en una serie de tópicos. Musawah propone un paquete de recursos para que las mujeres conozcan los derechos que les otorga el islam, karamah ofrece asesoramiento jurídico sobre temas familiares, el Consejo Canadiense de Mujeres Musulmanas ha editado unas guías informativas sobre la ley de la familia en Ontario. El II Congreso Internacional de Feminismo Islámico, celebrado en Barcelona en 2006, estuvo centrado en la reforma de los códigos de familia. Son solo algunos ejemplos.

Como vemos, la dimensión sociolegal ocupa un lugar muy importante, pero la reivindicación de las feministas islámicas no termina ahí: abogan por una regeneración espiritual, por la recuperación de unas claves espirituales que no sólo le den sentido a nuestra existencia aquí, sino que nos permitan trascender la realidad. El tawhid (la unicidad), la taqua (la conciencia de Al-lâh), el adl (la justicia) constituyen la columna vertebral del feminismo islámico. El Corán nos recuerda que provenimos de una nafs wahida (un ser único), que lo único que diferencia a los seres humanos entre sí es su grado de taqua y que Al-lâh es Al Adl (El Justo).

Notas
1 Las negritas son mías.
2 Rhouni, R. Secular and Islamic Feminist Critiques in the Work of Fatima Mernissi. Leiden , Brill, 2010
3 Coleman, I.
Paradise Beneath her Feet. How women ar transforming the Middle East. Nueva York, Random House, 2010
4 El hadiz completo es el siguiente: Jahmah le dijo al Profeta, “Oh, Mensajero de Al-lâh, deseo ir a una expedición militar y vengo a consultártelo.” El Profeta le preguntó si tenía madre, y cuando Jahmah le contestó que sí, el Profeta le dijo, “quédate con ella porque el paraíso está a sus pies”. An-Nasai (829-915)

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Los que predican la islamofobia

Si no fuera musulmana y no conociera la realidad del Islam en España estaría muerta de miedo. Es la sensación que me ha producido la lectura del artículo publicado el pasado domingo en El País, titulado “Los que predican la lapidación”. De entrada el título no es inocente ya que hace alusión al tan mediatizado caso de Sakineh, lo que predispone al lector a adoptar una postura negativa ya que importamos una temática extranjera a la realidad del islam en España.

La tesis defendida por los dos periodistas que lo firman, Ferran Balcells y Alejandra S. Inzunza, es que “El desorden en el islam español lleva a algunos púlpitos a imames extremistas y sin formación”. Es decir, que los musulmanes son incapaces de organizarse y que por eso se infiltran personajes indeseables que pueden dinamitar la cohesión social (o que ya lo están haciendo).

Es cierto que la comunidad musulmana tiene una serie de problemas internos para elegir convenientemente a sus interlocutores con el Estado. Esto se debe, entre otras cosas, a que en el Islam no existe una Iglesia y a que actualmente no dispone de una estructura democrática que posibilite una organización eficaz y representativa del sentir de los propios musulmanes. De estas dos opciones, la elegida por las instituciones españolas ha sido siempre la clericalización. ¡Al islam español se le exige que se adapte a una estructura ajena a su propia naturaleza porque es profundamente antidemocrática y machista!

Ahora bien, según la mayoría de estudios que se ha realizado, el problema principal que sufre el colectivo musulmán es económico y educativo, por lo que una se pregunta qué han hecho las administraciones para mejorar su situación, qué hacen para evitar los guetos, qué formacion propopen o por qué ponen en cuarentena a los musulmanes enviándolos a mezquitas en zonas alejadas de los centros. Eso es lo que me hubiera gustado leer en este artículo pero no aparece ni una sola crítica a la política de dejadez de la Generalitat ni del Gobierno Central.

Si las administraciones han optado por un laissez faire es porque no hay voluntad política para normalizar el Islam en este país. Es muy útil presentar a cuatro radicales como un peligro en aumento, para después presentarse como garantes de la paz social.

Si se mejorase la situación tan precaria que viven muchos musulmanes, si tuvieran contratos de trabajo en regla, si no se les explotase laboralmente, si la población mayoritaria no les estigmatizara constantemente, si los medios de comunicación no alentaran la islamofobia, si las administraciones trabajaran por el respeto de los derechos de sus ciudadanos y si los propios musulmanes se formaran y fueran autocríticos, la selección de los imames se haría de forma natural. Sería la propia comunidad musulmana la que elegiría a las personas mas capacitadas y no habría necesidad de infiltrar a nadie en las mezquitas para controlar lo que se dice. Como vemos, no es tan sencillo como “poner orden en el islam español”.

Pero si este artículo fuera un artículo aislado, ni le prestaríamos atención. Lo inquietante es que se inscribe dentro de una dinámica que se va intensificando en función de la agenda política. El mismo día aparece en ese mismo periódico otro artículo titulado: “Fórmulas para seleccionar imames” con un subtítulo muy elocuente: “Mapa del extremismo”.

En este caso se nos presenta el panorama formativo de imames a nivel europeo. Lo que destaca de este rápido recorrido es que lo que les preocupa a las administraciones no son las cuestiones pedagógicas sino de seguridad nacional. Mientras esta formación venga impuesta desde arriba, nunca funcionará.

Pero lo peor del caso es que se les está dando un papel desmesurado a los imames. Tal y como indicaba Jordi Moreras en una entrevista concendida a El Periódico en 2007: “La sociedad y las administraciones creen que los imames tienen una influencia sobre el colectivo que, en realidad, no tienen.”

La necesidad de presentar a los imames como únicos interlocutores choca con nuestra sociedad laica. Los líderes musulmanes no pueden ser únicamente curas al servicio del Estado, sino que el liderazgo debe diversificarse. Por eso es preocupante que aparezcan artículos como los arriba mencionados que propagan una visión tremendista y clerical del islam.

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